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ANTONIO MARTÍNEZ
He aquí un hecho absolutamente insólito: de junio a diciembre de 2006, durante el periodo en que Finlandia actuó como país presidente de la Unión Europea, el gobierno finlandés se preocupó de que las noticias y resúmenes de las distintas comisiones, aparte de en las lenguas oficiales de la Unión Europea, se publicaran también en latín. ¿Una extravagancia irrelevante, el empeño exótico de algún friki del latín que había logrado colarse hasta el sillón de algún ministerio finés? No, en absoluto: es que, sorprendentemente, en Finlandia la lengua de Cicerón disfruta de un status y de una veneración extraordinarios.
En los últimos tiempos, todos hemos oído hablar de Finlandia como país número uno en los resultados del Informe PISA: el sistema educativo finlandés tiene fama de ser el mejor del mundo. Sin embargo, lo que resulta mucho menos conocido es que, en los institutos finlandeses, los estudiantes pueden optar por estudiar latín como lengua extranjera al mismo nivel que el inglés o el francés. Y, por otra parte, según las últimas estadísticas disponibles, las noticias en latín emitidas por la radio nacional de este país escandinavo tienen una audiencia media de unos 75.000 oyentes.
Habría que meterse a bucear en la intrahistoria de la cultura finlandesa para comprender por qué, a principios del siglo XXI y en medio del descrédito generalizado que padecen las lenguas clásicas en los países occidentales, los finlandeses, nadando contra la corriente general e impugnando el espíritu de los tiempos, mantienen, orgullosos, su amor por el latín. Ahora bien: existe una convicción, compartida por la clase intelectual finlandesa, que seguramente nos revela la clave metafísica de la que procede este singular fenómeno: porque en Finlandia se suele recordar que el latín no representa una lengua más entre otras, sino que es “el idioma eterno”: recordando de algún modo aquello de la “Roma eterna”, los finlandeses parecen haber comprendido que el latín es una lengua que, de alguna manera, nos vincula con esa dimensión superior del tiempo y de la historia que discurre, serena y olímpica, por encima del tráfago incesante de los acontecimientos, revoluciones y cambios políticos de todo tipo. De manera que estudiar latín se asemeja a remontar el vuelo abandonando el plano —tan pedestre— de la realidad horizontal en la que se mueve el día a día de la sociología y de la historia para, como montados en el carro alado de Platón, acceder de ese modo a las alturas uránicas en las que el ser humano se eleva hasta el mundo eterno del espíritu.
Por otro lado, a la hora de emprender una apología del latín también es posible aducir razones más concretas y pragmáticas. Hace unos años me sorprendió enterarme que varias multinacionales japonesas de la electrónica anduvieran buscando jóvenes licenciados que, entre otras cosas, conocieran el latín. ¿Por qué? Porque sus departamentos de recursos humanos, asesorados por diversas universidades, estaban convencidos de que dominar el latín otorga a la mente una flexibilidad que consideraban muy interesante como recurso del “capital humano” con cuyos servicios deseaban hacerse estas grandes empresas. Por mi parte, en el instituto donde doy clase estoy acostumbrado desde hace años a que la profesora de latín tenga muy pocos alumnos: el grueso del alumnado que elige la opción de ciencias sociales evita el latín —el sistema se lo permite— porque tiene fama de difícil. Sin embargo, los pocos estudiantes que hay buenos de verdad, no sé si asesorados por alguien, por espíritu de distinción o por instinto de rebeldía, escogen latín y griego como optativa. De modo que, al menos en ciertos círculos, el estudiar latín todavía es algo que otorga status.
Entre nosotros, es bien sabido que, desde hace años, el ilustre catedrático Francisco Rodríguez Adrados desarrolla una especie de quijotesca cruzada en favor del latín y de las humanidades en general. Los resultados hasta el momento han sido muy magros: el latín y el griego son ya materias absolutamente residuales en el sistema educativo español, pese a que últimamente ha vuelto a ser posible elegir latín en 4.º de la ESO. Y, a mi modo de ver, existe aquí una cuestión de fondo, propiamente filosófica, que no se aborda: la de cuánto latín hay que saber, y, sobre todo, por qué y para qué. Preguntas esenciales, por cierto: porque, si no, podemos terminar cayendo en lo que sucede hoy: en que a los pocos alumnos que todavía estudian latín se les mete en dos cursos, a marchas forzadas, un empacho tremebundo de sintaxis latina para que, en la Selectividad, puedan hacer como que saben traducir realmente un fragmento de un autor clásico; pero luego, cuando algunos de ellos llegan a 1.º de Filología Clásica, ¡los profesores tienen que empezar por explicar las declinaciones! Esto me lo comentaba hace unos días Araceli, la profesora de latín de mi instituto: los estudiantes que se matriculan en Clásicas llegan sabiendo tan poco latín, que la Facultad se ven obligadas a montar una especie de “curso cero”, como, por otra parte, muchas Facultades de Ciencias se ven obligadas a hacer hoy también, en el primer curso, con las Matemáticas.
¿Por qué sucede esto? Pues muy sencillo: porque el sistema educativo, reflejando una previa barbarie espiritual presente en la sociedad (¿para qué vivimos? Por toda respuesta, un embarazoso silencio nos golpea…), no sabe realmente para qué enseña el latín, qué finalidad precisa persigue incluyéndolo en sus estudios: con lo cual, desorientada respeto al télos, a la finalidad última, también se hace un lío respecto al cuánto, al cuándo y al cómo. De modo que termina en lo que antes apuntábamos: en un atiborramiento de sintaxis durante dos cursos con vistas a amaestrar a los alumnos para que parezca que saben traducir en Selectividad, pero sin que se haya sabido incorporar orgánicamente la lengua latina a la formación general del alumno, dentro de una visión panorámica de la cultura, del mundo y de la vida que hoy, embrutecidos y barbarizados como estamos, simplemente ya no existe.
A este respecto, me permito desde aquí proponer una modesta idea: que se considere como parte esencial de la enseñanza del latín el dominio de la etimología y de ese acervo de frases que, conteniendo, en apretada cifra, una enjudiosa idea, pertenecen desde hace siglos al más noble acervo de la cultura occidental. Si se hiciera así, un alumno que sale del instituto conocería sin dificultad frases que algunos tal vez recuerden de sus años de instituto o de universidad, como:
-Ducunt volentem fata, nolentem trahunt (el destino conduce al que lo acepta, pero arrastra al que se resiste a él: ahí está lo esencial de la filosofía estoica).
-Nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu (nada hay en el intelecto que previamente no haya entrado por los sentidos: he aquí una idea básica de la filosofía de Aristóteles, que se opone en este punto a su maestro Platón).
-Frustra fit per plura quod fieri potest per pauciora (en vano se hace mediante muchas cosas lo que se puede hacer utilizando menos: ahí tenemos el célebre principio de economía, la “navaja de Occam”).
-Quod natura non dat, Salmantica non docet (lo que no se tiene por naturaleza ni siquiera Salamanca lo puede enseñar: no se pueden pedir peras al olmo, o sea, cada mollera tiene sus limitaciones).
-Da mihi animas, caetera tolle (dame las almas, llévate lo demás: lema tradicional de los salesianos).
Etcétera, etcétera: existen excelentes libros que atesoran cientos y cientos de tales frases, y que serían una auténtica mina en manos de un buen profesor. Y en cuanto a lo que decía de la etimología y del léxico, sólo un ejemplo entre miles posibles: del latín grex, gregis (“rebaño”) salen en castellano “gregario”, “congregar”, “congregación”, “egregio”, “disgregar”, “agregar” y, por supuesto, “grey”. ¿Cuántas de estas palabras está en condiciones de comprender realmente y utilizar con propiedad un alumno español que llega hoy a la Universidad? Mejor nos ahorramos la respuesta: sé por experiencia que, hoy en día, es casi imposible que, en una redacción, un estudiante use, por ejemplo, el término “congregar” o “congregarse” (“Una multitud se congregó en los alrededores del palacio”). Sencillamente, es que esa palabra se encuentra a años luz de sus posibilidades lingüísticas actuales. Entre otras cosas, porque el sistema educativo no está diseñado para que al menos los alumnos que estudian Latín, y tampoco —desde luego— los de Lengua Española, terminen dominando el campo léxico que se mueve en torno a grex, gregis y a tantas y tantas otras palabras. Si esto no es barbarie y signo de una inminente hecatombe, que venga Dios y lo vea.
Sin embargo, aún existen razones para la esperanza: a buen seguro, una de ellas es la veneración que los finlandeses profesan al latín, y con la que seguro que simpatizamos todos los que nos rebelamos contra la vulgaridad que hoy campa por doquier. Aprendamos, pues, de los finlandeses. No sigamos siendo tan cafres y burros como nos estamos volviendo. Hagamos algo más que pastar y rebuznar. Por ejemplo, volvamos a recitar con unción los casos latinos: nominativo, acusativo, genitivo, dativo, ablativo. Volvamos a la escuela, como pedía hace años Julián Marías. Hagamos examen de conciencia y volvamos al latín. Porque, como nos recuerdan los finlandeses, el latín es nada más y nada menos que la “lengua eterna”.






[...] ¿Por qué los finlandeses veneran tanto el latín? 3via.eu/2009/10/31/%C2%BFpor-que-los-finlandeses-veneran-tan… por Eurociudadano el 17:47 UTC [...]
Me ha encantado el artículo, y sí, el latín debería ser la base para estudiar vocabulario medio o culto y para desarrollar la lógica antes que cualquier otra cosa.
Yo soy de la vieja escuela. En el instituto tuvimos que estudiar latín. Lo odiaba. ¡Cómo lo odiaba! Lo estudié, lo aprendí, lo aprobé y lo olvidé. Nunca más me ha hecho falta. Me alegro de que haya desaparecido de las escuelas junto a las tablas logaritmicas y el Griego.
convenceréis pero no ganaréis. :(
Esto es un artículo y lo demás son tonterías. Todavía hay gente crédula que piensa en la lengua latina como una lengua muerta o simplemente textual. “¡Qué barbaridad!”, pienso yo. “¿Acaso ahora mismo no estás hablando latín?”, le digo al insolente que se atreve a mirar por encima del hombro a una humilde estudiante de Clásicas como yo. ¿Acaso el español no es si seguirá siendo, mal que le pese a quien sea, un dialecto del latín, tal como lo es el italiano, el francés y muchas más lenguas?
Que no se le olvide a nadie que el latín fue el primer inglés, esto es, la primera lengua universal, la que conectaba todos los territorios por muy vastos que fuesen los dominios del Imperio Romano o del Imperio Carolingio. A ver quién es el guapo que se atreve ahora a eliminar el inglés de la docencia porque algún día será como ahora es el latín, una “lengua textual”. Qué pena me dan los que no disciernen entre lo útil y lo inútil, porque aquellos nunca dominarán su lengua, por mucho que se empeñen en creer que sí. No hay más ciego que el que no quiere ver, el que no quiere admitir que el latín más que ser la prima lingua siempre ha sido y será la lingua aeterna.
Me han encantado los lemas, popularmente conocidos como “latinajos” :oP
Disiento. El aprendizaje de lenguas foráneas, muertas o no, es cierto que enriquece la mente por razones bien sabidas: distinto léxico, orden de pensamiento y de formación del discurso, etcétera; pero ello, sin embargo, no debe tomarse como primer objetivo de una educación dirigida a elevar el espíritu. Me parece mucho más conveniente aprovechar el dominio natural de la lengua propia y tratar de llevarlo a sus límites en el estudiante, de tal modo que logre superarlos y empujar las barreras de su pensamiento más allá. Esto, más que nada, por una cuestión de tiempo y recursos: es más fácil y resulta más temprano alcanzar un mejor dominio de la expresión en la lengua materna que en una extranjera, tenida aparte la innegable utilidad de aprender una o varias de éstas.
Preferiría dejar la enseñanza de los dichos latinos—que como bien se indica están en el centro de nuestra civilización—a buenos profesores, capaces de ejecutar traducciones perfectas del sentido original hacia nuestra lengua. Pues lo importante es la idea, y no la forma en la que se expresa.
Usted dice:
Por otro lado, a la hora de emprender una apología del latín también es posible aducir razones más concretas y pragmáticas. Hace unos años me sorprendió enterarme que varias multinacionales japonesas de la electrónica anduvieran buscando jóvenes licenciados que, entre otras cosas, conocieran el latín. ¿Por qué? Porque sus departamentos de recursos humanos, asesorados por diversas universidades, estaban convencidos de que dominar el latín otorga a la mente una flexibilidad que consideraban muy interesante como recurso del “capital humano”
¿Podría dar una referencia? ¿De dónde ha sacado esa noticia?
Usted dice:
“las noticias en latín emitidas por la radio nacional de este país escandinavo tienen una audiencia media de unos 75.000 oyentes.”
Más de lo mismo. Facilite una referencia sobre ello.
Usted dice:
“Sin embargo, los pocos estudiantes que hay buenos de verdad, no sé si asesorados por alguien, por espíritu de distinción o por instinto de rebeldía, escogen latín y griego como optativa. De modo que, al menos en ciertos círculos, el estudiar latín todavía es algo que otorga status.”
¿De dónde deduce esto? ¿Posee algún estudio que relacione la excelencia con el hecho de matricularse en alguna lengua clásica?
Dé referencias a ese estudio o indique de dónde ha extraido esa conclusión.
Un saludo.
Me ha encantado el artículo.
Aprender nunca está de más. Soy de esos que en el instituto ‘pseudo-aprendió’ Latín y tras leer esto y reflexionar sobre ello, querría compartir mi opinión. Ante todo, decir que soy un técnico, por lo que mi postura es para nada parcial, y sólo escribo inglés sin faltas ortográficas :S
Nuestro modelo educativo es muy deficiente. Apoyo totalmente el aprendizaje del inglés, pero de verdad, con asignaturas en inglés, desde bien pequeñitos, pues ello es imprescindible para el mundo dónde vivimos. Incluso que la mayor parte de las carreras se realice en Inglés
Cómo bilingüe de dos lenguas romance y friki, me encanta encontrar las similitudes de palabras ‘cultas’ que en un idioma casi nadie conoce su raíz mientras que en el otro pueden ser de uso común, el mínimo común múltiplo de 8 de las lenguas de la UE es el latín. Soy de esos que bromea con el hecho que las lenguas romance en china serían llamadas dialectos, pues es lo que son. Incluso en los idiomas no-romance europeos, podemos hallar igualmente miles de palabras procedentes de él o del griego, tan arraigados que nadie les llama ya neologismos.
Con la movilidad creciente que tenemos los ciudadanos de la UE, puede ser muy positivo tener una ayuda cómo el dominio del latín para el aprendizaje de otras lenguas, y no sólo las romance, pues declinar es imprescindible para aprender alemán, holandés o suomi, por ejemplo.
Esta base cultural nos ayudará a pasar del ‘I want a room with a shower’ a poder mantener una conversación minimamente interesante en cualquier lengua occidental. Así mismo, la diversidad de estructuras de estos idiomas, nos ayudará a comprender casi cualquier otro que se nos plantee.
Hace poco empecé a aprender chino mandarín y tailandés. Cuándo empiezas a aprender una lengua no europea es cuándo realmente te das cuenta de lo mucho que se parecen nuestros idiomas, y es precisamente en el latín y el griego en lo que nos parecemos.
En resumen, mi educación ideal enseñaría a todo el mundo Inglés, Francés, Alemán y Ruso, junto con latín y griego, a parte de las lenguas própias de cada lugar. Con esta base linguistica, aprender cualquier otra lengua de la unión Europea sería trivial, a excepción del Húngaro y el Suomi, que por tener una raíz diferente, sólo servirán el latín y el griego.
Puestos a ser justos, todo castellanoparlante debiera estudiar algo de árabe, pues buena parte de la lengua está influida por él y esta es probablemente la parte más ignorada de nuestra cultura, a parte de la guerra civil, claro.
Esto dicho, cabe poco o ningún lugar a la esperanza, pues nuestro modelo educativo está planteado para crearcamareros, albañiles u operarios, no pensadores, ni tan siquiera personas.
http://209.85.229.132/search?q=cache:jg7liJ3w4GEJ:www.theclassicalmommy.com/files/Una_Apolog_a_del_Lat_n_y_de_la_Matem_tica.doc+el+latin+estructura+la+mente&cd=2&hl=es&ct=clnk&client=firefox-a
Lo dicho.
[...] Original source : http://3via.eu/2009/10/31/%C2%BFpor-que-los-finlan…; [...]
Me ha encantado el artículo. Me gustaría rendir un pequeñito homenaje a mi profesor de latín y griego del instituto. Era un hombre excepcional que,además de ser buen profesor era farmacéutico y una persona cultísimacomo os podeis imaginar. Una persona única que me enseñó mucho más que esas lenguas, porque adoraba su trabajo. Un recuerdo para don Gregorio del Francisco de Vitoria.
[...] http://3via.eu/2009/10/31/%C2%BFpor-que-los-finlandeses-veneran-tanto-el-latin/ En: Curiosidades — Noviembre 2, 2009 [...]
[...] 02/11/2009 de javcasta Via:¿Por qué los finlandeses veneran tanto el latín? « Red Tercera Vía. [...]
Para luis
Radio Nacional de Finlandia – Radio 1
http://www.yleradio1.fi/nuntii/
Y si lo dominas lo suficiente también puedes hablar de la actualidad mundial o de cualquier otro tema con otras personas en su foro (por supuesto, en latín)
http://chat.yle.fi/latini/
Hola a todos, el árticulo es excepcional. Añadiría algunos puntos.
¿Por qué estudiar latín?
1)El latín ha servido durante muchos años de modelo literario a todas las lenguas de cultura.
2)El latín es lengua madre del español y de las demás lenguas romances, y por tanto el conociomiento científico del latín contribuiría a conservar la pureza y naturaleza del español frente a las tendencias del vulgo.
3) En latín están expresados principios básicos de occidente: textos jurídicos, pensamientos…
4)Como fuente de conocimiento de la Iglesia católica que, le pese a quien le pese, ha influido en la evolución y caracterización de Europa.
Por otra parte, Kenneth, me parece haber leido en tu escrito que dominas el español y el inglés y que te refieres a ambas lenguas como lenguas “romances”. Si es así, temo decirte que el inglés no es lengua romance sino lengua germánica. Tiene en común, por tanto , con el latín el hecho de que ambas proceden de un tronco común: la lengua indoeuropea.
Un saudo a todos.
VALE
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Paradojicamente el latin era la lengua vulgar del latio y en realidad las clases cultas de Roma hablaban mas griego que latin. Despues de Constantino se puede decir que el latín era la lengua de los misioneros y el griego la lengua oficial.
Esa historieta de que una multinacional prefería a gente que supiera latín es una de las más célebres leyendas urbanas, después de la “chica de la curva”.Desde luego, si estoy en Selección de Personal de nua multinacional y llegan al final dos candidatos, con varios masters, idiomas “vivos”, conocimientos informáticos y habilidades sociales, elegiría al que supiera latín. Pero vamos, de ahí a que sea un mérito valorable por una multinacional… Amos anda.
Y más valdría eliminar las asignaturas de latín y griego (idiomas que estudié, sigo estudiando y me encantan, como hobby) y dedicarnos a etimología. Pero para la etimología (estoy de acuerdo en la disquisición sobre grex-gregis y disgregar, congregar, etc.) no hace falta en absoluto conocer una sola declinación. ni una conjugación verbal, ni traducir una sola línea de La guerra de las Galias.
Ah, lo de que el inglés es una lengua germánica y no romance es muy discutible. A un nivel de principiantes, no: es germánica. Me refiero profunduzando un poco, entre gente que sepa un poquito de lingüística.
Disiento. Me parece fundamental estudiar latín (y griego, por supuesto) si uno quiere profundizar en la etimología como ciencia. Es una base, un principio indispensable para luego entender todo lo que uno quiera aprender sobre raíces y demás. Bien es cierto que los que se dedican al estudio de estas lenguas antiguas les resulta peculiarmente fácil el aprendizaje de otras lenguas, ya sean románicas o no. No olvidemos que al fin y al cabo la gran mayoría provienen del indoeuropeo, y definitivamente el inglés pertenece a la rama germánica. Que lingüísticamente tenga semejanzas con las romances se debe obviamente a que tanto una rama como la otra maman del IE, aunque unas sean aglutinantes, aislantes, etc.
Una frase de un interviniente anterior, Kenneth (con la que no estoy de acuerdo) me sirve de reducción al absurdo: como el español tiene tantísimo vocabulario árabe, hay que estudiar árabe para conocer la etimología de esos miles de palabras…
Estoy de acuerdo con los que dicen que la asignatur de latín, tal como está planteada, no sirve para nada.
Ciertos puntos (especialmente los que se refieren al desinterés actual por las humanidades que se puede ver en España) de su artículo son ciertos.
También es cierto que para mantener la cultura clásica, no es estrictamente necesario saber latín o griego (aunque obviamente quien se tome la molestia aprenderá más que el que lea traducciones).
Y finalmente, como residente en Finlandia, tengo que dar un contrapunto a su información; el finlandés medio es bastante más ignorante de lo que su artículo deja entender, y lo mismo sucede en el ámbito universitario. Inclusive en comparación con la universidad española!
La diferencia radica en que aqui se invierte más en educación por habitante, sobre todo en cuanto a programas de difusión por televisión y radio. Nada más.
Y esos tropemil oyentes, pues son datos MÁS que dudosos – ni siquiera el popular Gran Hermano tiene esas audiencias en todas sus emisiones! Tiene referencias reales?
Se ha flipado usted un poquito, por usar una expresión más coloquial.
Bueno, quizá sea más correcto decir: “¿Por qué algunos finlandeses -que quizás no llegan a 75000- veneran tanto el latín?”. Igual me pregunto en qué país exceptuando el Vaticano se pueden juntar hoy algunos miles de cultores del latín.
Una de las cosas de las que me arrepiento fue no haber elegido latín en mi escuela secundaria. Para los 70′ ya había descendido a la categoría de materia optativa. Hoy debo conformarme con adivinar el significado de algunos latinajos, para después confirmar (la mayor parte de las veces para desmentir) su significado en internet.
¿No sería mejor estudiar y enseñar alguna lengua planeada, como el esperanto o interlingua?Pues tienen bastante en común con las lenguas indoeuropeas.