Emboscado
La geopolítica es una rama de la ciencia política que estudia las relaciones complejas de lo político con la multiplicidad de las configuraciones espaciales de la superficie terrestre. En otras palabras, es un método que busca establecer la parte activa que ocupa la geografía en la determinación de los acontecimientos políticos e históricos mundiales. Se encarga a su vez de organizar la estrategia política de los Estados en la arena internacional, partiendo de una situación de conflicto permanente entre ellos, y cuyos intereses vienen definidos en términos de poder: militar, geográfico, político, cultural, económico, demográfico, etc…
Nos referimos al concepto geográfico central en las tesis expuestas por Mackinder, es decir, el Heartland o corazón de la tierra que constituye el pivote geográfico de la historia. Esta región del planeta que abarcaría las inmensas planicies centro-asiáticas, es imposible de controlar periféricamente desde el mar, ni tampoco invadir por completo debido a su gran extensión.
El valor geográfico de esta región estriba en su posición geográfica dentro de la Isla Mundo Euroasiática, disponiendo de una posición dominante desde la que ejercer un control sobre la periferia del gran continente.
Si Eurasia abarca la mayor parte de la superficie terrestre del planeta, su control implica a su vez el dominio del conjunto del mundo, máxima ambición de toda potencia internacional en su lucha por el poder. El Heartland es, por así decirlo, el área geográfica central en esta gran masa continental cuyo dominio provee su hegemonía sobre el resto del continente euroasiático.
La estrategia de las principales potencias internacionales de hoy día se orientan en este sentido hacia el control del Heartland. Tal es el caso de la política exterior americana que desde Mahan y Spykman hasta Brzezinski ha sido teorizada y desarrollada en ese sentido, fijando los intereses norteamericanos a escala mundial sobre esta inmensa franja territorial, que más allá de su importancia geoestratégica alberga también una ingente cantidad de recursos: gas, petróleo, minerales, etc…
Constituye una zona de paso para el transporte de gas y petróleo, y es una región de influencia e interés natural para las actuales potencias euroasiáticas: China, India y Rusia.
La principal línea estratégica de los EE.UU. ha sido establecida hasta ahora por la doctrina Carter, por la cual se debía asegurar una ruta de abastecimiento segura y permanente en el golfo pérsico, lo que hacía de dicha zona una cuestión de seguridad nacional completamente prioritaria en el ámbito geopolítico e internacional. A esto se le suma la perentoria necesidad de reducir la dependencia energética con Arabia Saudita y buscar nuevas fuentes de abastecimiento. Esto, ligado a la importancia estratégica del golfo pérsico, las acuciantes necesidades petrolíferas de EE.UU. y la importancia geográfica del Heartland para garantizar su hegemonía y tener acceso a más recursos, ha dado lugar a una política exterior agresiva orientada claramente en un sentido: colonizar el Heartland por medio de gobiernos títeres surgidos de guerras protagonizadas por los EE.UU. o de revueltas fomentadas por dicha potencia a través de organizaciones locales y agencias al servicio de sus intereses.
La necesidad americana por tener acceso a las fuentes de recursos que alberga Asia Central implica incrementar su presencia e influencia en la región, y al mismo tiempo contrarrestar la de sus mayores rivales geopolíticos más directos: China, Rusia e India. La intromisión americana en la región implica cercar a la República Islámica de Irán que constituye el mayor enemigo de los EE.UU. en la zona y, simultáneamente, evitar la alianza de aquellos países que se posicionen directamente en contra de las pretensiones americanas a nivel internacional.
Juntamente con esto, EE.UU. ha desarrollado su particular política exterior en Europa con una consolidación de su aparato militar a través de la OTAN, lo que ha dado lugar a la integración de diferentes países de Europa del este, incrementando así la presión sobre Rusia en un intento por cercar la influencia de este país sobre el continente europeo, y simultáneamente hacer lo mismo en Asia Central con sus antiguas repúblicas.
Los países bálticos, Polonia, Ucrania, Rumanía, Bulgaria, Turquía, Georgia, etc…, son en su política exterior una clara expresión del alineamiento de sus respectivas administraciones con los intereses americanos a nivel mundial, siendo, al mismo tiempo, campo de operaciones y zona de asentamiento de la fuerza militar mediante la instalación de nuevos sistemas aéreos de defensa, lo que representa, en definitiva, la expansión de la hegemonía americana hacia Rusia con el firme objetivo de primero cercarla, luego debilitarla internamente para después fragmentarla y apoderarse de sus restos. Esta actitud beligerante contribuirá a tensionar más si cabe las relaciones entre EE.UU. y UE con Rusia.
No cabe duda de que Rusia, como el país territorialmente más extenso de todo el planeta, tiene un peso geopolítico particular en la esfera internacional, pero este peso lo es aún más por la posición geográfica dominante que tiene en el continente euroasiático, y al ser también un inmenso almacén de materias y recursos de los que las potencias marítimas tienen cada vez mayor necesidad, queriendo adueñarse de estos como sea.
Las revoluciones naranja y de terciopelo que se han dado en antiguas repúblicas soviéticas, así como la emergencia de administraciones pro-occidentales en el antiguo campo socialista, responde a la estrategia americana en el continente europeo, aquella por la que Europa, como península del continente asiático, es una cabeza de puente con la que consolidar las posiciones americanas que más tarde servirán para asaltar Asia y saquear sus recursos.
Rusia ha perseguido tradicionalmente una salida a mares cálidos, ya fuese el Mediterráneo o el Océano Índico. En Europa únicamente quedan pequeños focos de resistencia al expansionismo americano-occidental, en el que la UE constituye el medio a través del cual hacer cada vez más presente la influencia norteamericana. Serbia ha sido herida de muerte no sólo tras las guerras balcánicas, sino sobre todo tras la independencia de Montenegro y ahora la pretensión secesionista de Kosovo auspiciada por los EE.UU. y las potencias occidentales en un intento claro por cercar un tradicional aliado de Rusia sobre un área de influencia mediterráneo.
Quizá Rusia haya llegado tarde a la cita con sus aliados eslavos de los Balcanes, y su apoyo hoy sea menos efectivo y rentable para sus intereses geopolíticos de lo que pudo haberlo sido en el pasado; aunque a este respecto también es preciso añadir un matiz, por cuanto Rusia atravesó durante la primera mitad de la década de los 90 una dificilísima situación interna que le impidió temporalmente competir en el ámbito internacional, lo cual casi imposibilitó por completo cualquier intento de proyectar su poder sobre el mundo cuando sus fronteras internas se vieron claramente reducidas en más de 2.000 kilómetros en algunos casos. De cualquier manera Rusia apunta una clara oposición a una mayor fragmentación territorial de Serbia, que ha sido con creces el país más perjudicado de todos tras la desaparición de Yugoslavia.
En otro lugar nos encontramos con la ambigua situación que ocupa la república de Pridnestrovie, o más comúnmente conocida como Transdniéster, por la que Rusia conserva un aliado en una posición geográfica estratégica, la misma en la que se situó el 14º Ejército Soviético y un inmenso arsenal de armas que aún conserva en su mayor parte. Su situación estratégica estuvo pensada en su momento con la finalidad de proyectar sobre Europa central el envío de armamento y tropas en caso de conflicto, todo ello dentro del escenario de un mundo bipolar regido por la guerra fría. De todos modos esta república puede recuperar una función estratégica para los intereses rusos de cara a contener la influencia atlántica en la región, y con ello, dado el caso, ejercer cierto control en una zona que cada vez apunta más y mayores inestabilidades como es el caso de Ucrania.
Ucrania representa a día de hoy un claro ejemplo de las tensiones geopolíticas entre EE.UU. y Rusia, en una zona que geográficamente constituye la intersección entre Asia y Europa. Las contradicciones políticas internas de Ucrania son un reflejo de las disputas de poder existentes entre el bloque occidental y Rusia, es por este motivo que nos encontramos una clara rivalidad entre los opositores a una alineación de Ucrania con los intereses del atlantismo, y por tanto favorables a un acercamiento a Rusia (si no en muchos casos la unificación), y por otro la facción pro-occidental que encabezó en su momento la revolución naranja, que mantiene una política en el ámbito exterior claramente pro-europea y favorable a los EE.UU.
Por otra parte se encuentran las diferentes ONG’s occidentales asentadas en Rusia, junto a otras organizaciones subvencionadas por EE.UU. y la UE, que promueven la desestabilización del régimen y sistema político en Rusia bajo la pretensión de establecer una administración compuesta por oligarcas al servicio de Occidente, y del estilo a lo que representó Yeltsin en su momento. Prueba de ello son las diferentes manifestaciones ilegales realizadas en Moscú y San Petersburgo por integrantes de la oposición extraparlamentaria, compuesta en su mayor parte por elementos neoburgueses y liberales. Sin embargo, se ha puesto de manifiesto que las ideas occidentalistas no tienen eco en la sociedad ni en los partidos políticos rusos debido a la nefasta experiencia de la era Yeltsin, durante la cual se pudo comprobar que todas las promesas hechas por el mundo occidental eran una completa farsa que encubría el robo organizado de una minoría económica sobre el pueblo ruso.
Existe una clara oposición geográfica entre la gran Isla Mundial euroasiática y el continente americano, diferencias que se expresan en visiones del mundo antagónicas. La potencia marítima norteamericana en su pretensión por perpetuar su hegemonía mundial con la globalización, ha dado lugar a la colonización de la periferia Euroasiática, y ahora se propone debilitar y fragmentar Rusia además de ahogar a la República Islámica de Irán.
El objetivo inmediato de EE.UU. en Asia Central es cercar Irán, asegurarse el acceso a bolsas de petróleo y garantizar la seguridad de las rutas de abastecimiento. Sembrar el caos y la división por medio de conflictos con guerras artificiales emprendidas por EE.UU. forma parte de la estrategia en la región, lo que en cierto modo asegura a corto plazo que los enemigos reales de América no se unan en un frente común. Sin perder de vista el papel que juega el ente sionista, gracias a esta estrategia se debilitan las posibilidades y la capacidad de agresión de los enemigos naturales de Israel.
Simultáneamente a este proceso que conduce la estrategia americana, el continente africano, como prolongación natural de Eurasia, está siendo motivo de cada vez mayor atención por parte de los EE.UU., que ha conducido su política exterior hacia una mayor presencia de sus intereses en el continente negro. Esto se debe fundamentalmente a que África alberga importantes fuentes de recursos de todo tipo, y a la existencia de gobiernos y regímenes inestables que posibilitan una mayor influencia. Asimismo, la capacidad humana de África no es nada desdeñable, sobre todo dada su cercanía con Europa y Oriente Próximo, lo cual constituye una de las principales herramientas de desestabilización tanto en el continente como en la Isla Mundial gracias a migraciones masivas, grandes conflictos étnicos, etc…
La respuesta euroasiática a la globalización debe fundarse sobre la necesidad de romper con el mundo unipolar liderado y dirigido por los EE.UU. e Israel junto a sus aliados, y esto supone fortalecer los vínculos con los aliados naturales de las principales potencias de la Isla Mundial.
La estrategia iraní ha ido muy bien encaminada de cara a aprovechar las divergencias existentes entre la UE y los EE.UU. acerca de Irak, haciendo repetidos llamamientos a la UE para distanciarse de la postura americana, llamamientos que por ahora no han tenido una respuesta favorable en ese sentido.
La única posibilidad de la UE de jugar un papel real en las relaciones internacionales es constituyéndose como Estado, y por ello dotándose de soberanía que haga de ésta una unidad política con capacidad propia para intervenir en la esfera internacional con voz propia y con una estrategia diferenciada de la que EE.UU. mantiene.
Rusia, por su parte, está abocada a ejercer con el paso del tiempo una mayor influencia sobre la UE a través de la cuestión energética y las posibilidades que le ofrecen tanto el gas y el petróleo como la industria aeroespacial y la tecnología puntera que actualmente está desarrollando. Un mayor peso de Rusia sobre la UE puede contribuir a que desaparezcan o por lo menos se atemperen las diferencias y contradicciones internas respecto a cómo llevar las relaciones con el socio ruso, dejando vía libre a la iniciativa alemana, la cual servirá de medio de la UE para asegurar unas buenas relaciones con Rusia y una mayor colaboración en campos y áreas de interés común.
Rusia supone el aliado geopolítico natural de Alemania, y eso es para la UE una valiosa baza con la que poder jugar de cara a un futuro no muy lejano, sobre todo en la medida en que Rusia vaya perfilando cada vez más su estrategia internacional y sus principales líneas de acción geopolítica, que indudablemente prestarán una gran atención sobre la península europea. Con el tiempo se irá haciendo más evidente la necesidad de consolidar una alianza clara en un eje que una Oriente y Occidente, Berlín-Moscú.
Tampoco podemos olvidar el eje Moscú-Teherán, un eje secundario con respecto al que representa Berlín-Moscú, y que ligaría al Norte con el Sur, siendo Teherán la salida natural y necesaria de Rusia al Océano Índico, además de ser su aliado geopolítico natural de cara a ejercer su influencia en Asia Central y Oriente Próximo, lo cual significaría no sólo controlar el acceso a las bolsas energéticas que albergan. sino también, y fundamentalmente, controlar las rutas marítimas y terrestres que conectan Europa con Asia y el Mediterráneo con el Índico.
Sin lugar a dudas Rusia debe consolidar su posición geopolítica a nivel internacional con un definitivo reforzamiento de sus posibilidades internas, desarrollando su capacidad industrial y militar a escala planetaria de cara a la proyección de su poder en el resto del mundo. Sólo así podrá emprender una política claramente euroasiática que deberá articularse geográficamente en torno al territorio que ha constituido durante los dos últimos siglos el motivo de disputa entre las potencias marítimas y continentales: el Heartland, encontrando para ello como principales protagonistas a Rusia e Irán, pudiendo desempeñar Rusia el papel de motor internacional de una alianza más vasta, y siendo Irán el principal foco de resistencia en Asia Central a las intromisiones de las potencias marítimas y la beligerancia del ente sionista.
Se trata, en definitiva, de generar una gran alianza continental, aquella que configure en Eurasia una realidad política autónoma vertebrada por las principales potencias que ocupan dicho espacio común, una alianza que deberá aglutinar a Rusia, China, India y Europa, aquella que inaugure un mundo multipolar y que ponga fin definitivo a la hegemonía de las potencias marítimas.
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